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¿Sientes a menudo que das más de lo que recibes?

¿A veces te sientes utilizado por los demás?

¿Apechugas con cosas que no te corresponden?

¿Los problemas de los demás son tus problemas?

Si tu respuesta a estas preguntas es un rotundo SI, entonces este post está especialmente pensado para ti.

¿En qué consiste el rol de salvador?

Salvador es la persona que siempre esta ahí para todos.

Predispuesta, accesible, disponible, servicial, voluntariosa.

No es de extrañar que con todas estas características, todas las demandas del mundo mundial vayan a parar a la persona que se identifica con este rol.

Para el salvador nada de lo que le sucede a los demás le es ajeno, y en su deseo e ímpetu por resolver los problemas de los demás acaba haciéndolos suyos, de esta forma asume y carga con asuntos que no le corresponden.

No hay salvador sin una víctima

El salvador tiende a verse más fuerte, inteligente y capaz que los demás, aunque el no sea muy consciente de esto.

Si uno se siente superior, sus relaciones no van a ser desde la igualdad.

El salvador ve al resto del mundo como víctimas indefensas y sin recursos, y por lo tanto inferiores a el.

El salvador trata de ayudar a las víctimas o supuestas víctimas, pero a veces ocurre que los demás no se dejan ayudar o lo que es peor, acaban demandole en exceso, sin saber que el mismo con su actitud está promoviendo esto.

Puede que para los demás sea muy cómodo a la par que útil recurrir al salvador, pero este tarde o temprano no podrá sostener su ritmo de ayuda indiscriminada y empezará a sentirse frustrado y cabreado con los demás.

Dejará de ser amable y ayudador para pasar a otro extremo, tarde o temprano se convertirá en castigador.

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El Salvador acaba convirtiéndose en la víctima de sus propias actitudes.

Ayuda indiscriminada y necesidad de sentirse útil

El sentirse valioso es lo que le proporciona al salvador un sentido de identidad y valía personal.

En el afán de sentirse útil y valioso el salvador acaba prestando ayuda de forma indiscriminada, muchas veces sin que se la hayan pedido y esto puede hacer que otros puedan verlo como un entrometido e incluso puedan sentirse molestos.

También puede suceder que los otros abusen de su actitud servicial de forma más o menos consciente.

Ayudar a otros es beneficioso, hacerlo de forma indiscriminada y sin discernimiento no tanto.

Toda esta ayuda indiscriminada y necesidad de ser útil proviene de una serie de carencias infantiles.

Cuando el salvador ayuda de forma indiscriminada está tapando carencias y vacíos.

Desde un estado de carencia, la ayuda que se ofrece no se hace desde un estado de plenitud, si no de escasez.

En base a esto, es normal que tarde o temprano el salvador pueda sentirse cansado, drenado, desgastado y lo que es aun peor, utilizado por los demás.

Cómo liberarse del rol del salvador

Si te sientes identificado con este rol, hay cosas que puedes empezar a cambiar.

Estas son algunas propuestas u opciones para empezar a des-identificarte de este rol.

1. Que hacer en el caso de que NO te pidan ayuda

No siempre tienes porque sentirte obligado a hacer algo por lo demás, date espacio y valora si la persona o situación realmente necesita tu ayuda.

Es importante que no hagas por los demás lo que pueden hacer por ellos mismos, de esta forma evitarás asumir el peso de cosas que no te corresponden.

Otra cosa que puedes tener en cuenta antes de lanzarte a ayudar, es valorar el estado de la otra persona, es decir, si el otro está o no receptivo a tu ayuda.

Algo que puedes decir es: «si me necesitas aquí estoy», de esta forma no te anticipas a la necesidad que pueda tener el otro y respetas su libertad para pedir y recibir ayuda.

2. Que hacer en el caso de que SI te pidan ayuda

Algo que puede beneficiarte es no lanzarte a ayudar de forma totalmente reactiva.

El decir «déjame pensarlo» antes de lanzarte a dar ayuda tiene que convertirse en tu mantra, de esta forma no estarás tan reactivo y te dará tiempo a evaluar si realmente quieres ofrecer tu ayuda.

Si finalmente decides prestar tu ayuda, es mejor hacerlo desde una actitud de plena coherencia contigo mismo, para esto hay que valorar algunos aspectos:

  • Toma en consideración si tienes la energía suficiente en ese momento para ayudar.
  • Valora si ayudar al otro te supone algún perjuicio, ya que no tiene sentido ayudar a otro y desayudarte tú.
  • Valora igualmente si por el hecho de atender las necesidades del otro, estás desatendiendo las tuyas.

Ambos tenéis que salir ganado, o al menos nadie tiene que salir perjudicado. ¿Si no, que clase de ayuda es esa?

En definitiva, es muy importante que valores las actitudes que te mueven a ayudar a alguien.

Si ayudas o te muestras disponible para agradar al otro, para que te quieran y cuenten contigo o por el deseo inconsciente de recibir algo a cambio, entonces te sentirás vacío.

Lo que deseas nunca llegará, los demás no estarán a la altura de tus expectativas y pronto llegará el vacío y la frustración. Diste mucho y recibiste migajas.

Para que tu ayuda sea desde la plenitud tienes que realizarla de corazón (porque quieres, te apetece y así lo consideras), de esta forma te sientes pleno y recargado, no necesitas nada de vuelta, entonces el hecho de dar se convierte en una totalidad en sí mismo.

Si te devuelven genial, pero si no, te sientes igualmente bien, ya no hay nada que reprochar a nadie.

3. Algunos casos específicos

Hay algunas situaciones en las que la figura del salvador es pertinente y necesaria; por ejemplo, cuando hay alguien invalido o incapacitado que necesita ayuda, cuando es obvio que alguien en algún sentido no puede o no sabe valerse por si mismo.

4. Empoderar a los demás

Empoderar a los demás te devuelve automáticamente tu poder.

Si te identificas en exceso con este rol, atraerás a tu vida gente con necesidad, personas cuyo rol se complementa con el tuyo.

Por eso, para salirte de este rol tienes que empezar a empoderar a los demás, tienes que cambiar tu percepción acerca de los otros.

Cambiar tu percepción pasa por ver a los demás como personas fuertes, capaces, inteligentes y en ultima instancia, dueñas de su propio destino por mi duro que aparentemente este sea.

Devolver a otros su poder hace que automáticamente retomemos el nuestro, cuando les devolvemos a los otros sus historias, necesidades y problemas, empezamos a recoger todos los pedacitos de nuestro ser que se habían depositado en resolver historias que no quieren o no necesitan ser resueltas.

5. Abrirte a recibir

El rol del salvador es un rol activo, es decir, tiende más a dar que a recibir.

Una persona salvadora no se siente muy cómoda cuando recibe, porque está acostumbrada a lo contrario.

Es importante en este sentido hacer un trabajo consciente para equilibrar las energías del dar y recibir.

En ningún caso con este post quiero trasmitir que ayudar a los demás sea malo o perjudicial, muy al contrario, la ayuda y servicio a otros te permitirá conocerte más, y no solo eso, cuando ayudas a los demás implícitamente te estás ayudando a ti mismo y a toda la sociedad, pues en definitiva, todos estamos interconectados.

De lo que hablo aquí es de revisar la forma en que ayudamos y desde donde lo hacemos. Finalmente, revisar desde donde ayudamos nos permitirá ofrecer una ayuda de mayor calidad, más plena, total, coherente y sobre todo más libre de condicionamientos impuestos o autoimpuestos.


A continuación puedes ver un vídeo que he subido a youtube donde hablo de este mismo tema:


Si te sientes identificado con este post puedes dejarme tu opinión en los comentarios.

Un abrazo y bendiciones.

6 comentarios en “El «poderoso» rol del Salvador en las relaciones”

  1. Muchas gracias Virginia de la Iglesia por tu post sobre el Salvador…me sentí muy identificada y pude reconocer mis actos y las consecuencias de ellos en mi y en mis distintas relaciones. Sólo me gustaría pedirte porfavor si pudieras explicarme con más detalle a qué te refieres con que este rol se asume por «escasez en la infancia». De nuevo muchísimas gracias!!

    1. Virginia de la Iglesia

      Saludos Pilar. Las carencias infantiles pueden provenir de falta de atención, desvalorización, abusos… En definitiva de percibir falta de amor y aceptación​ por parte de los padres y\o el entorno. En base a estas carencias se generan una serie de necesidades no resueltas. Para la persona que está en este rol le es fácil identificar las necesidades de los demás y le es más fácil hacer algo por los demás que bucear en sus propias heridas o carencias. Espero haber resuelto tu duda. Que tengas un lindo día.

  2. Gracias por el artículo. Leí hace tiempo a Eric Berne y le tengo muy presente. Y sí, a grosso modo, todo es un teatrillo en el que nos retroalimentamos con los roles que desempeñamos. Un salvador necesita víctimas. Es la única manera de recibir su «premio». Lo que si aprendí con el tiempo es que nadie quiere ser salvado. Ser una víctima mola, porque tiene sus ventajas y sus recompensas. Aunque parezca ilógico. De hecho tiene su lógica interna. La psicología no son matemáticas y cada caso tiene sus particularidades, pero me pregunto si en muchos casos la víctima no necesita realmente sentir que nadie va a volver a salvarla, para así salir de su comfort zone y asumir cambios necesarios.
    Un saludo
    Luis

    1. Virginia de la Iglesia

      Hola Luis, interesante aportación. Desconozco a la persona que mencionas en el comentario pero tomo nota. Yo creo que muchas personas se colocan en el papel de víctimas porque como bien dices es un rol que les hace sentir cómodas y desde ahí les es fácil manipular a los demás para conseguir lo que quieren; no ceder a estas manipulaciones es poner a la victima en su lugar, estoy segura que si nadie les salvara acabarían adquiriendo cierta responsabilidad en sus vidas. Finalmente lo importante es salir de ambos roles y percibirnos a los demás y a nosotros mismos como seres en su poder. Saludos. Virginia.

  3. Buenas, yo soy una mujer que siempre he sido dependiente emocionalmente, desde pequeña vivi en una familia disfuncional, ahora de adulta siento que lo mismo soy salvadora que victima y todo es para sentirme querida por los demas, sobretodo por mi familia, estoy trabajando con mis emociones y le pido a Dios que me ayude, con su ayuda estoy aprendiendo mucho, gracias

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