personas altamente sensibles

Hola, en este post voy a hablar de las personas altamente sensibles, mega empáticas y super compasivas.

Voy a utilizar el término altamente sensible a falta de encontrar uno más específico.

Yo no le doy excesiva importancia a los términos, creo que no hay que obsesionarse con ellos.

Es verdad que la terminología nos ayuda a que podamos explicar de una forma más comprensible parte de nuestra realidad interior, pero más allá de eso considero que las etiquetas crean estigmas y condicionamientos, y en ese sentido son de poco ayuda.

Aclarado esto, voy a contarte cuales son las consecuencias más negativas de un exceso de sensibilidad.

Las personas altamente sensibles sienten con más intensidad, perciben aspectos sutiles que otros no perciben y tienen un profundo sentimiento de empatía hacia los otros.

En principio todas estas cualidades pueden parecer cuestiones nobles y elevadas que embellecen la vida de quien las poseen y la de sus semejantes.

Pero la realidad puede ser otra muy diferente.

Y es importante que seamos realistas, no serlo es una forma de auto engaño.

La excesiva sensibilidad también tiene su parte de sombra.

Una sensibilidad desbordada y mal encauzada hace que te fusiones en exceso con los demás perdiendo tus límites, esta actitud dificulta la expresión de las capacidades de tu auto afirmación y auto preservación.

Cuando las barreras con el exterior son muy difusas, la protección frente al entorno es muy precaria, de esta forma las personas altamente sensibles acaban siendo vampírizadas por los demás o en ocasiones siendo ellas las que vampirizan.

Debido a la dificultad de poner limites claros, la persona altamente sensible corre el riesgo de acabar siendo utilizada o abusada en sus relaciones.

Si a lo anterior, le juntamos su necesidad constante de ayudar a otros, no es de extrañar que las personas altamente sensibles acaben atrayendo a personas con problemas o necesitadas a las que les cuesta poner límites, de esta forma acaban sobre implicándose con ellas quedándose exhaustas.

Cuando esta actitud se mantiene en el tiempo, la persona altamente sensible puede sentirse cansada, exhausta, saturada, cargada, con dolores de cabeza y lo peor es que no tiene ni idea de por qué…

Todos estas sensaciones son síntomas de que la persona ha dado comprensión, escucha, atención y apoyo quedándose cada vez más vacía.

¿Salvador o víctima?

Desde su excesiva empatía y ganas de ayudar, la persona altamente sensible se convierte en la salvadora de los demás y acaba cargando con cosas que no le corresponden.

De esta forma, el salvador o salvadora se acaba convirtiendo en la victima de aquellos a los que pretende salvar.

Debido a sus propias historias no resueltas, el salvador acaba viendo necesitados en todas partes porque proyecta en los demás sus propias necesidades.

El salvador no se da cuenta de que muchas veces es él y no los demás, quien necesita ser apoyado, atendido, comprendido y escuchado.

El salvador tiene que entender que primero tiene que salvarse a sí mismo cuidándose, valorándose y priorizándose.

Aprender a cuidarse pasa necesariamente por poner limites saludables a los demás y agudizar el discernimiento para acabar con el hábito de ayuda indiscriminada.

Finalmente el salvador tiene que cambiar su visión del mundo y ver a los demás como personas capaces, resolutivas y no como carentes, desvalidas o necesitadas.

Así que, cuanto más se encargue en primer lugar de sus necesidades, con más poder personal, estructura emocional y autoestima se sentirá.

A su vez, cuanto más se empodera y se quiere a si mismo en primer lugar, de mejor calidad será la ayuda que pueda ofrecer a los demás.

Por otro lado, cuanto más empodere a los demás, viéndolos como personas libres, capaces y responsables de sus propios destinos, más libre de cargas se sentirá.

El salvador tiene que ganar en autoestima y afirmación, saber que es una parte del todo tan valiosa como el resto de las partes.

Al igual que podemos sentirnos fusionados con el otro, también podemos a su vez saber quienes somos en nuestra individualidad.

Tenemos que recordar esto y afianzarnos en que ambas cosas, fusión y defusión, no están reñidas y son igualmente necesarias para nuestro amor propio.

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